UN TIEMPO PARA REFLEXIONAR

Por Janaïne Corboz Fuentes

Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada
uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es.
Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida
de fe que Dios les haya dado. – Romanos 12:3

El verano e inicio de año nos da la oportunidad de descansar y planificar lo que queremos para el resto del año. En general, al llegar enero y/o febrero, aprovechamos de estar en familia, de ver amigos que nunca podemos ver,
y vamos a festivales, conciertos, la playa, matrimonios, etc. El verano,
a pesar de lo que soñamos, muchas veces está igual de lleno que el resto del año y terminamos (casi) igual de cansada que al final del año anterior.

Al llenarnos de actividades y nunca estar solas, dejamos de lado lo más importante. No podemos estar bien cuerpo, alma y espíritu si no apartamos tiempo de soledad. Estos tiempos no son para sentirse triste de estar sola y tener autocompasión,
sino para hacer una autoevaluación.
El verano es el momento ideal para inspeccionar nuestro ser entero con rayos X.

Cuando se habla de evaluación, pocas personas se siente animadas por la idea. Las evaluaciones hacen pensar en exámenes, en pruebas, en críticas
y a veces, en amenazas. Sin embargo, hoy te quiero invitar a tomar un tiempo (una hora, un día, un fin de semana, una semana entera, depende de ti), para autoevaluarte, en base a dos preguntas centrales:
¿Qué está bien ahora?
¿Qué no está bien y
quisieras que cambie?

Estas dos preguntas, bien amplias, buscan a que abarques las tres partes de ti. Cuerpo: ¿Cómo está tu salud? ¿Te estás cuidando? ¿Estás descansando? ¿Necesitas ir a un control médico, dental, ginecológico u otro? Alma: ¿Cómo te sientes?
¿Qué sientes? ¿Por qué te sientes así?¿Estás expresando lo que sientes? Espíritu: ¿Cómo está tu vida espiritual? ¿Tomas en cuenta a tu espíritu en tu vida diaria? ¿Tomas
en cuenta a Dios? ¿Pasas tiempo buscando a Dios?

Si puedes, haz esta evaluación por escrito, en la página siguiente o una libreta, llenando bien cada una de las secciones bien definidas. Cuando termines, escribe una lista de 5 cosas que quieres cambiar para el año.
Ora por esta lista. Y deja que Dios entre en tu corazón y te guíe a cada paso de esta evaluación. Él ya sabe cómo estás pero ama escucharte decírselo. Cuéntale tus sueños y planes y deja que el Señor te lleve
a que Sus sueños y planes para ti se vuelvan tus sueños y planes para el 2018.

Evalúa.
Descansa.
Planifica.
Entrega.

La esperanza postergada aflige al corazón, pero un sueño cumplido es un árbol de vida. – Proverbios 13:12

 

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